¿Somos el ruido que hacemos?
Por Arantxa Vela Buendía

No me extrañó que el último trabajo del dramaturgo y director Pablo Remón se titulara Verborrea. Remón habla mucho de hablar, de contar historias, de cómo se cuentan. Así que ese título prometía una nueva historia dentro de otra historia, que se abre a otra historia…
Cuando salí de la Nave 10 del Matadero de ver Verborrea, me vino un nombre a la cabeza: Gilgamesh. Fue algo de hace tiempo. Ya no recuerdo con motivo de qué me tropecé con un comentario que llamó mi atención: “hablaba mucho como Gilgamesh”. Tampoco estoy segura de si leí eso exactamente, pero lo que entendí fue que Gilgamesh sonaba para ahuyentar el miedo o para sentir que existía.

Quise comprobar qué base real había para la posible verborrea de Gilgamesh. Así que le he preguntado a la IA si era cierto que este rey sumerio hablara mucho, y me ha respondido que sí, y que lo hacía por varios motivos: para hacerse publicidad, para disolver el miedo a la muerte y para asegurarse un recuerdo en la historia.
Parece que mi cabeza hizo una feliz asociación porque justo esa era la sensación que me dejaron los personajes de la obra de Pablo Remón: que hablaban por miedo y autobombo.
«Primero fue el verbo”. Así arranca la obra de boca de Javier Cámara. Y ¡qué curioso! La epopeya de Gilgamesh es el primer relato que se conserva. No es que eso importe mucho. Es mera coincidencia.


“Verborrea” no es solo el título de la obra, es también el nombre de un grupo punk que crean los protagonistas: dos hermanos (interpretados por Javier Cámara e Israel Elejalde) que pasaron su infancia en un poblado que se creó en el Valle de Cuelgamuros con motivo de las obras en el monumento a los caídos en la época de Franco.
La verborrea es, además, el rasgo más característico del padre de estos muchachos, que no paraba de contar historias que inventaba para ajustar la realidad a su pensamiento. Era franquista.
La obra nos cuenta la aventura vital de los dos hermanos, especialmente de uno de ellos, Segismundo, el más contestatario. Este viaje va del rechazo a la figura paterna… al silencio. Segismundo comprende que no puedes luchar ferozmente contra algo sin que forme parte de ti. Ve que se ha convertido en una especie de imagen especular de su padre: idéntica pero al revés.

Aunque la factura de las obras de Remón se basa en dejar a la vista los mecanismos de los que se sirve para contar esa historia, nunca es un mero alarde de virtuosismo narrativo. Siempre consigue conmoverme, siempre reconozco algo propio. Y es que todos hemos sentido un rechazo profundo a algo que tiene que ver con la familia y todos hemos acabado comprendiendo, con el paso de los años, que eso forma parte de lo más profundo de nuestro ser. Luchar contra ello es la manera que tenemos de mantenerlo vivo porque no sabemos desprendernos de esa cosa que despreciamos. Una contradicción terrible, profundamente molesta, que da mucho que pensar.
El espectador es siempre cómplice. Lo comprende todo y sigue con extrema facilidad lo que Remón le plantea. A estas alturas somos un público que ha visto mucho y muy variado. La forma de hacer las cosas es parte de nuestra conversación.

Además, sus guiños rebosan sentido del humor y con el humor siempre se baja la guardia. Por eso, cuando nos enfrentamos al drama de los personajes, nos quedamos estupefactos. Se nos borra la sonrisa de golpe, como si nos hubieran dado una mala noticia. Porque esa noticia nos resulta familiar. Nunca mejor dicho.
Hace años en una entrevista, el director de teatro Dan Jemmet me dijo que él no se consideraba posmoderno sino moderno, porque le gustaba sentir la tensión entre el objeto y la forma que lo representa. Al escucharlo, me pareció comprender algo. Es que me llevo mal, fatal, con el arte abstracto y con el exceso de deconstrucción. A mí me gusta reconocer al objeto representado y ver cómo la obra se acerca y se separa de él. Por eso me interesa mucho la escritura de Pablo Remón, porque plantea un juego entre el relato y el acto de contar ese relato. Estamos dentro y fuera a la vez. Y siendo las historias nuestra forma de pensar desde hace tanto –La epopeya de Gilgamesh data de finales del III milenio antes de Cristo- siento que la dramaturgia de Pablo Remón nos conecta con nuestra manera de estar en el mundo, con nuestra cotidianeidad.
Verborrea se estrenó en la Nave 10 del Matadero de Madrid y ahora arranca su gira por España. Os dejo las fechas por si tenéis la suerte de poder verla.
Noviembre
- 6, 7 y 8, Teatro Soho Caixabank, Málaga
- 14, Teatro Mira, Pozuelo, Madrid
- 20, Teatro Félix Petite, Vitoria
- 28, Gran Teatro Falla, Cádiz
Diciembre
- 2, Teatro Gayarre, Pamplona
- 4, Festival Temporada Alta, Girona
- 11, Teatro Romea, Murcia
- 18, Teatro Bretón, Logroño
Temporada en Barcelona
Teatro Coliseum, del 29 de diciembre de 2026 al 17 de enero de 2027.

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